Lady Gaga se ha convertido en una especie de Über-celebridad en menos de dos años tras sacar su primer sencillo. La cantante da mucho que hablar, y muchos estamos de acuerdo que esto no se debe primariamente a su música. Al parecer, hace muchos años ya no es la calidad del arte en sí que catapulta a según que individuo a la estratosfera de la celebridad. El producto cultural – sea proveniente del cine, del arte, o de la música- no es ya más, así parece, que un paréntesis, que ejerce de pretexto para legitimar la fama y la adulación de una persona.
En algunos casos, la insignificancia del producto en sí, en éste caso la música, es más evidente que en otros. Michael Jackson, por ejemplo, aparte de ser un personaje extraterrenal, revolucionó el panorama musical a partir de los años setenta. Sin embargo, el arte por excelencia del siglo XX ha sido, así parece, el arte de la fama. Hoy el concepto de los quince minutos de fama que promulgó Andy Warhol da prueba de una premonición de increíble agudeza.
Lady Gaga, con sólo 23 años de edad, ha sabido descodificar la fórmula mágica del arte de la celebridad, que, en su esencia, no remite a nada más que a la celebración del individuo. No por casualidad, éste ha sido su perpetuo lema, denotándose a sí misma como monstruo de la fama. Y como tal se nos presenta una y otra vez en sus apariciones públicas, en sus videoclips y en sus conciertos: sin timidez reproduce su estética feísta envestida de bizarros vestuarios, máscaras y poses, sabiendo que desde la repulsión nace la fascinación absoluta. No podemos separar nuestra mirada de lo bello, pero mucho menos de lo aborrecedor. Y Lada Gaga lo sabe. Es por ello que nos tiene totalmente hipnotizados con su fantástico imaginario, que la distingue de la gran mayoría de los artistas del momento.
Este talento la incorpora, te guste o no, en la lista de las superestrellas del pop. La chica ha hecho sus deberes y tomado apunte de las grandes estrellas como David Bowie, Madonna y Michael Jackson. Lo que tienen en común todos ellos es la capacidad de corromper nuestros estereotipos estéticos, y nuestra concepción de género. Todos ellos han sido transgresores; no siempre los mejores cantantes o músicos, pero sí monstruos de la fama. Quizás Michael Jackson dio el más triste ejemplo de ello, llevando el concepto a la realidad de su vida privada, y que en sus últimos años de vida fue más conocido por su deforme rostro y sus bizarras apariciones públicas que por nuevos éxitos.
Ésta primavera Lady Gaga sigue de gira mundial con su “The Monster Ball Tour” y actuará en Paris el 21 de mayo. Para los fans más entregados y los curiosos, alquila apartamentos en Paris y no te pierdas el espectáculo de esta nueva estrella en el cielo de la fama.








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Lady Gaga y el arte de la fama…
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