El contexto histórico, social y cultural de una sociedad encuentra siempre su reflejo en las creaciones artísticas. Éstas representan un testimonio de gran valor para entender lo que ocurrió en un país, cuáles fueron las preocupaciones y cambios de una sociedad, cómo eran las almas de los ciudadanos y qué necesidades había entonces.

En Alemania, el estallido de la Primera Guerra Mundial se tradujo artísticamente en la expresión de temas como la soledad, la amargura, el horror y la angustia del individuo en la ciudad industrial. Y a nivel filosófico, la corriente existencialista se asentó, incidiendo en la preocupación por la vida y la muerte y la introspección y la sensibilidad humana. Más allá del arte, el Expresionismo era una manera de entender al Hombre.
Como las demás vanguardias artísticas del siglo XX, este movimiento nació en reacción a otro y a favor de una nueva actitud. El Impresionismo y los conflictos políticos fueron los motores que inspiraron a los pinceles de unos artistas como Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff, Wassily Kandinsky, Franz Marc, Paul Klee y Von Jawlensky. Buscaban un arte personal e intuitivo, una expresión de sus visiones interiores y emocionales más que de sus impresiones visuales. El Expresionismo es uno de los pocos movimientos que se hizo internacional y cuya expresión de lo trágico se desarrolló en tantos ámbitos: en cine, teatro, arquitectura, escultura, literatura, poesía, música, opera, danza, fotografía etc.
A nivel pictórico, un cuadro como El Grito (1893) de Edvard Munch puede resultar terrorífico. En efecto, sus colores violentos y poco reales, esa pincelada muy marcada y gruesa, el cuerpo distorsionado del personaje y la pérdida de referencia espacial son unos rasgos técnicos típicos de la angustia existencialista. Die Brücke –el Puente- (1905) y Der Blaue Reiter –El Jinete Azul- (1911) fueron los dos principales grupos bajo los cuales los artistas se reunieron. Las obras de Ernst Ludwig Kirchner –miembro del primer colectivo-, son quizá las más conocidas. ¿Te suena una cara de niña pintada de verde? Es “Fränzi ante una silla tallada” (1910), una impresionante pintura que está expuesta en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid (ver foto).
Aquí se notan las influencias del malestar del pintor olandés Vincent Van Gogh, del primitivismo africano que esquematiza las formas y del fauvismo que hace del color el medio de expresión de las emociones. Les gustaban los temas prohibidos como lo morboso, lo demoníaco, lo sexual, lo pervertido o lo fantástico.
Si quieres contemplar y sentir la fuerza del arte expresionista, te invitamos a visitar la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Alquila Apartamentos en Madrid y sumérgete en el inquietante universo expresionista. Y si te viene una crisis de pánico al mirar esos cuadros, aprovecha la trepidante actividad nocturna de la capital española para divertirte y expresarte.








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