En una de las escenas más famosas de la tórrida película “Nueve semanas y media”, Mickey Rourke le venda los ojos con un pañuelo negro de seda a Michelle Pfeiffer y luego juega con ella dándole de comer alimentos de texturas y sabores diferentes: fresas (que Michelle muerde juguetonamente), gelatina, nata, yogur, chocolate o un sorpresivo pepinillo amargo… Estos juegos u otros bien similares se han repetido desde siempre en centenares de alcobas, de manos de todos aquellos que han decidido hacer caso omiso a la típica frase repetida machaconamente por los padres: “con lo que se come no se juega!”.

Al fin y al cabo, la buena gastronomía es un goce y un placer para los sentidos (no sólo para el del gusto), lo que la sitúa en una órbita similar al placer erótico. Existen muchos usos sensuales para la comida, tanto empleándola como afrodisíaco previo como formando parte íntegra de los juegos sexuales.
Por ejemplo, resulta obvio pararse a pensar que muchas frutas y verduras tienen formas fálicas: no hace falta mucha imaginación para buscarle usos eróticos a plátanos, pepinos o berenjenas… Otros juegos con la comida más sutiles pueden incluir cubrir un cuerpo desnudo con pegajosos y apetitosos ingredientes como nata, chocolate, caramelo o miel, lo que da una dulce excusa para lamer y relamer concienzudamente la piel de la pareja…
Desgraciadamente no abundan los locales públicos en que poder dar rienda suelta a estos impulsos erótico-gastronómicos. En efecto, en un restaurante cualquiera resultaría ligeramente embarazoso desnudar a la pareja para verterle sobre los pechos la crema del postre…
Por suerte, en Barcelona existen locales como el Nido del Escorpión (http://www.nidodelescorpion.com) que organizan esporádicamente cenas bien peculiares en las que está bien visto “jugar con la comida” del modo que hemos introducido aquí. En próximas entregas os hablaremos de alguna de estas cenas: mientras tanto podéis ir alquilando apartamentos en Barcelona y preparando un apetitoso postre de fresas con nata…








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Comida erotica…
Al fin y al cabo, la buena gastronomía es un goce y un placer para los sentidos (no sólo para el del gusto), lo que la sitúa en una órbita similar al placer erótico. Existen muchos usos sensuales para la comida, tanto empleándola como afrodisíac…